Kalumis
Un día como hoy puedo regresar y escribir el fin de la historia; una historia muy incierta, pero que tenía un final predecible. Mucho drama involucrado que valió la pena, que me sirvió para madurar, para aprender a ordenar mis prioridades y para tomar decisiones con la cabeza y no con el corazón. Aunque todo comenzó como una simple amistad, el amor surgió, un amor prohibido, un amor que no quise aceptar hasta que no pude ocultarlo más porque se notaba, porque la gente de nuestro entorno lo notó. Me alegró las mañanas, me volvió a ilusionar, me motivó a dedicarme a mil por ciento a cumplir mis sueños aunque uno de mis sueños haya sido secretamente estar con él hasta la eternidad. 

El amor pudo más que el temor de estar haciéndolo todo mal, pensaba que si lo amaba en secreto todo estaría bien. Luego de descubrir que no podía controlarlo más, que podía más que yo, decidí olvidarlo o hacer todo lo que estuviera en mis manos para olvidarlo, lo que me llevó a no querer verlo más, tratar de hablarle como a un buen amigo,  no salir con él, salir con otros amigos o prospecto de enamorados, distraerme con mis amigas, viajar, tratarlo mal, buscarle puntos negativos para poder odiarlo. Finalmente nada de eso funcionó, acepté que lo amaba, que no podía hacer nada al respecto. La fase que más temía llegó, fueron dos veces las que me encerré en el baño a llorar como una desahuciada e incontables veces las que lloré en mi cuarto preguntándole a Dios como había permitido que me enamore de él. Fueron tres veces en las que escuché frases suyas que me desgarraron el corazón, fueron mil veces las que me prometí dejar de amarlo, y unas quinientas veces las que le dije a él que lo olvidaría.

Aunque supe desde el principio que era imposible estar con él, un uno por ciento de mi conciencia creía que el amor podía más, que él dejaría todo por mí, que soportaría lo que vendría, que sería mi fuerza, que me daría seguridad de que por estar con él la vergüenza valdría la pena. Esperé una señal que nunca llegó, solo vislumbré miedo e inseguridad y fue cuando decidí que lo único que me quedaba era olvidar y alejarme, si de verdad me amaba a mi misma lo suficiente lo haría.

Dejé el trabajo, a los amigos y todos los vínculos que me unían a él, la depresión llegó y no estaba dispuesta a soportarla una vez más. Fue el día en el que me dijo que decidió tomar otro camino y alejarse del mío, en el que respiré hondo, me arrodillé y le pedí con todas las fuerzas de mi corazón a Dios que ayudara a olvidarlo, que me ayudara a no sufrir más, a poder cumplir con mis responsabilidades y mis metas de la mejor manera, sin que el sufrimiento me lo impidiera sin que me quitara la respiración.

Aún sigo pensando que lo quise y que si pude olvidarlo fue porque me lo propuse con el alma y porque recé mucho porque ello ocurra, porque pedí que llegara la persona adecuada para mí, la persona que me haga feliz en todos los aspectos y a quién pueda amar con todo el corazón, a alguien con quien pueda unirme con la bendición de Dios, a alguien a quien pueda amar sin dañar a nadie más. Esa persona llegó y sigo pensando que es lo adecuado, que la historia está escrita, que él no era para mí.