Recordé que tenía que hacer algo importante y de un
salto me levanté de la cama -con el pie izquierdo, estoy segura- enseguida
sentí un fuerte dolor de cabeza y la habitación me dio vueltas, decidí regresar
a mi posición inicial de inmediato, quizás así todo regresaría a la normalidad
pensé, recuerdo que mi cabeza tocó la almohada con mi cuerpo en posición fetal.
Luego tuve una pesadilla, todo se puso negro, sentía que todo se movía a mi
alrededor, sentía que algo malo pasaba, me faltaba la respiración, sentía como
aquella vez en el mar, que no tenía control de mi cuerpo que la corriente me
movía. Para mi fueron tres segundos, regresé a la realidad con una gran
bocanada de aire y sentí que algo malo había pasado, no conmigo sino a mi
alrededor, mi respiración era agitada, sentía como si se me dificultara
respirar, tenía escalofríos y me temblaban las piernas y las manos.
Algo había sucedido en esos tres segundos que él me
miraba con cara de susto y gritaba que llamaran a una ambulancia, lo primero
que me pasó por la cabeza es que hubo un temblor, probablemente porque sentí
que todo se movía, luego pensé que alguien se había puesto mal, obviamente no
pensé en mi a la primera; luego en sus ojos vi reflejado lo que había sucedido,
algo había pasado conmigo, luego del mareo, en esos tres segundos. Él me llevó
a la primera planta de la casa descalza, y su familia esperaba asustada, yo
solo preguntaba ¿qué pasó?, no entendía porque el miedo en sus ojos. La
enfermera me tomó la presión, todo normal, dijo. Me preguntó si tenía problemas
de circulación o del corazón, a todo dije que no. ¿Alguien me puede explicar lo
que pasó?, pensé. Pero nadie se atrevía a decirme, los vi tan asustados que
tuve que hacer una broma, aunque nadie se río, creo que se calmaron al verme
sonreír.
Cómo te puedes reír - me imputaba él.
¿Ya me puedes decir qué pasó?- le dije yo.
Te vi echada y pensé que dormías, pero luego
comenzaste a hacer un ruido con la garganta, te pusiste rígida, tus ojos
estaban abiertos, tu cuerpo estaba duro y no reaccionabas. Y luego… comenzaste
a convulsionar y… creo que no podías respirar. ¡Me asusté mucho!, por eso salí
y marqué a la ambulancia, regresé rápidamente a verte y gracias a Dios habías
reaccionado. ¡Me asusté mucho, enserio! ¡Nunca más me hagas eso! – me contó, con
la voz entrecortada.
No podía creer lo que me decía, ¿Todo eso había
pasado en esos tres segundos que pensé que duró mi pesadilla? Nunca antes me
había sucedido y espero que nunca más me suceda, imagino su miedo, su impotencia por no saber qué hacer; yo me sentiría igual o peor si le pasara algo.
Esperemos los resultados.
Esperemos los resultados.
