Kalumis

Ella nunca pensó en verse involucrada en algo así, era algo que ni siquiera se atrevía a pensar. Es el peor de los errores se lo decía su madre, no cometas mi mismo error. Jamás lo imagino si quiera, pensó estar libre de ese tipo de gustos; pero las cosas pasaron sin pensarlo y finalmente se vio en medio de un torbellino de sentimientos, pasiones y calenturas propio del verano que ya se avecinaba. Aunque pasaba frente a ella muy a menudo él nunca significo nada, hasta que sin desearlo mucho simplemente se materializó, se presento frente a ella y solo le quedó observar. Aún no comprende como comenzó, ella noto que él se acercaba con alguna escusa tonta y comenzaron a conversar más a menudo. No recuerda como salieron las palabras de su boca cuando le pidió que la acompañara a almorzar, Hablaron mucho, de su vida, de sus viajes, de sus decisiones, de sus gustos más extraños y cuestionados, era demasiado interesante como para dejarlo escapar. Cuando por fin hubo un silencio, miraron a su alrededor y les sorprendió la noche, algo avergonzaron regresaron a sus lugares; eso fue solo el comienzo. Buscaban hablar más seguido, entre miradas furtivas y bromas para ocultar el secreto deseo que sentía uno por el otro. Así fue como el más serio del lugar, de repente comenzó a sonreír, así fue como el chico que nunca bailaba no pudo decirle no a ella, se animó a tomarla de las manos y bailar lentamente, se atrevió a mirarla a los ojos como si nadie existiera, como si ninguno tuviera dueño. Frente a las miradas perplejas y cucufatas de los demás, simplemente eran felices y sentían que no había nada oscuros ni impuro en ellos. El se ofreció a llevarla pero ella sabía que ese no era su lugar, que cada uno tenía una vida completamente diferente, un camino totalmente opuesto. A partir de ese día algo cambio, ella descubrió que él le hacía falta, que nada en ese lugar era igual sin él, que consiente o no de ello, ella lo buscaba en cuanto llegaba, buscaba escusas para poder acercarse, para lograr verlo a escondidas. Era un juego mutuo, adoraba la hora del almuerzo porque le permitía pasar el tiempo junto a él y a los demás; pero claro que eso no contaba. Encontrarlo mirándola era uno de sus mayores logros y satisfacciones, estaba segura que algo se cocinaba entre ellos, que había una extraña atracción inexplicable. 

Cualquiera con un poco de intuición pudo haber descubierto y declarado si no fuera porque era indebido decirlo, simplemente debía ser imposible que pasara. Luego de varios regalos navideños, ella estaba segura que lo que fuese que existía entre ellos crecía cada día más y se tornaba peligroso. Y es que él tenía la familia perfecta, una esposa exitosa y una hija pequeña a la cual el adoraba. Ella estaba segura que nada ni nadie podía interponerse entre ellos, y mucho menos ella y sus principios tan bien arraigados; pero la atracción seguía ascendiendo y al parecer ninguno de los dos se esforzaba por ponerle un alto. Necesitaban mucho más que convicción para alejarse, necesitaban un baño de agua fría; todos podían ver como salían chispas alrededor de ellos, aunque tratasen de no darle importancia y se trataran incorrectamente frente a los demás para aparentar indiferencia. Nadie podía tragarse ese cuento, todos podían percibir que esa historia tenía que acabar de alguna manera, o con un hogar destruido o con un corazón hecho trizas o con alguna fuga inesperada con arrepentimiento y cargo de conciencia incluidos. Pero nadie ponía las manos al fuego por un final feliz, es que es algo prohibido repetía la gente. Es un hombre casado y ella una muchachita aún, o es un hombre incauto y un chica muy “avispada” para su edad; como lo quisieran ver todos apostaban por un final desastroso. Así que o se daban un buen disfrute y se olvidaban del asunto; o iban más allá y arruinaban un par de vidas. Solo ellos decidían, si se dejaban llevar por las hormonas o pensaban claramente que lo que fuese: amor, calentura, ilusión o conveniencia, solo podía tener un fin: la infelicidad.


Kalumis


Lágrimas, una carita de tristeza inconsolable y mucho dolor es lo primero que veo cuando me paro frente a ella. Me parte el corazón verla así y es que se parece tanto a mí que su dolor es el mío porque sé exactamente por lo que está pasando; sé que cuando amanece, solo quiere seguir durmiendo a pesar que sabe que es una farsa lo de cerrar los ojos y no pensar; sabe que en sueños todo pasado volverá, la atormentará y peor aún, ella creerá que todo lo que pasa es muy cierto, pensará que todo lo feo se esfumó que esa verdad nunca existió, que todo fue una pesadilla y que es feliz. Pero al abrir los ojos verá que la pesadilla es la vida real y no un sueño más, del cual podrá despertar con lágrimas en los ojos agradeciéndole al cielo que solo fue eso.

Lastimosamente esa pesadilla está pasando, muy clara, tanto que te perfora la piel y no te deja respirar; ella solo quiere cerrar los ojos y no despertar más, siente un nudo en el pecho, un gran agujero en el estómago y la sensación de estar cayendo en un abismo sin fin. Quizás con las últimas fuerzas que tiene se levantará de esa cama porque tiene que hacerlo, sabe que tiene que alimentarse pero ni siquiera le encuentra sentido, no le encuentra sentido a nada, ni a comer, ni a reír, ni a vivir. Decide comer por obligación, vestirse porque para pasar desapercibida por la vida no puede andar en pijama, se pone lo primero que encuentre y lo menos llamativo posible. Sale a cumplir con las obligaciones de su vida que gracias al cielo todavía tiene, porque quedarse en casa con los recuerdos le parece el peor de los castigos.

Quiere salir de ese agujero, día a día se lo propone pero parece que nunca fuera a acabar, parece una maldición el sentir todo lo que siente. Necesita ayuda y lo sabe, no puede más, existen momento en los que desespera, no puede respirar, siente que el corazón le palpita a mil por hora, es un ataque de nervios, es su dolor que pide a gritos ser liberado, su rabia que le desgarra las entrañas, su tristeza que la lleva a lo más profundo del hoyo; sabe que esos momentos son los más infernales y peligrosos, sabe que con la desesperación puede cometer locuras. Simplemente no piensa, la locura no la deja pensar siente que podría hacer cualquier cosa con tal de que algo calme su dolor, lo daría todo, hasta su vida para que esto terminara; para despertar de la pesadilla o dormir para siempre en un sueño tranquilo. Pero algo dentro de ella le pide que tenga valor, que aún quedan esperanzas; algo la trae de vuelta a la realidad y le muestra el camino que debe seguir, se aferra a aquel sujeto en que todos parecen creer, al cual todos recurren cuando algo muy malo les pasa. Quizás él sea la salida piensa, quizás el haga uno de sus milagros y le de paz a su alma nuevamente. Ella reza mucho, llora y le ruega que la perdone si cometió algún pecado tan grave como para merecerse ese tormento. Al parecer el aferrarse a la fé y rezar en verdad la ayuda porque aprende a sobrellevar su dolor, a vivir con esa gran herida en el corazón. Sabe que aún habita dentro de ella pero aprendió a vivir con eso, ni todo el dinero gastado en psicólogos y pastillas le sirvieron de nada. Ahora confía más en esa fuerza sobrehumana que en cualquier otra cosa en el mundo. Fue su refugio y su valor, fue lo que la salvó del infierno en el que se sentía.

Pasa el tiempo y con él se van poco a poco los recuerdos, aún están ahí pero ya no son tan frecuentes, de repente se encuentra a ella misma riendo como antes y se sorprende, pensaba que sería incapaz de reír nuevamente. Decide salir con sus amigos, recuerda que tenía metas hace mucho tiempo y retornan las ganas de cumplirlas. Piensa en ella misma nuevamente, sabe que se ha descuidado mucho en todo ese tiempo en que estuvo recluida en su casa, regresa a ejercitarse nuevamente y siente la adrenalina correr nuevamente por sus venas, siente energías, se siente capaz de muchas cosas. Es como si hubiese estado mucho tiempo en coma y que de repente despertara y le ofrecieran una nueva vida, es capaz de hacer todo lo que quiso, todo lo que en algún momento planeó, decide verse más bella, pensar en ella y solo en ella. Buscar un trabajo mejor, cambiar de aspecto, conocer nuevas personas, se inscribe en los cursos que siempre anheló. Ahora se siente plena, sabe que la herida está comenzando a sanar y va muy bien, es un pasado doloroso pero al fin y al cabo es solo eso, el pasado. Y ella hará todo lo que esté en sus manos para que quede muy bien enterrado. Ahora solo quiere ser feliz. Y yo quiero verla feliz siempre.