Lastimosamente esa pesadilla está pasando, muy clara, tanto que te perfora la piel y no te deja respirar; ella solo quiere cerrar los ojos y no despertar más, siente un nudo en el pecho, un gran agujero en el estómago y la sensación de estar cayendo en un abismo sin fin. Quizás con las últimas fuerzas que tiene se levantará de esa cama porque tiene que hacerlo, sabe que tiene que alimentarse pero ni siquiera le encuentra sentido, no le encuentra sentido a nada, ni a comer, ni a reír, ni a vivir. Decide comer por obligación, vestirse porque para pasar desapercibida por la vida no puede andar en pijama, se pone lo primero que encuentre y lo menos llamativo posible. Sale a cumplir con las obligaciones de su vida que gracias al cielo todavía tiene, porque quedarse en casa con los recuerdos le parece el peor de los castigos.
Quiere salir de ese agujero, día a día se lo propone pero parece que nunca fuera a acabar, parece una maldición el sentir todo lo que siente. Necesita ayuda y lo sabe, no puede más, existen momento en los que desespera, no puede respirar, siente que el corazón le palpita a mil por hora, es un ataque de nervios, es su dolor que pide a gritos ser liberado, su rabia que le desgarra las entrañas, su tristeza que la lleva a lo más profundo del hoyo; sabe que esos momentos son los más infernales y peligrosos, sabe que con la desesperación puede cometer locuras. Simplemente no piensa, la locura no la deja pensar siente que podría hacer cualquier cosa con tal de que algo calme su dolor, lo daría todo, hasta su vida para que esto terminara; para despertar de la pesadilla o dormir para siempre en un sueño tranquilo. Pero algo dentro de ella le pide que tenga valor, que aún quedan esperanzas; algo la trae de vuelta a la realidad y le muestra el camino que debe seguir, se aferra a aquel sujeto en que todos parecen creer, al cual todos recurren cuando algo muy malo les pasa. Quizás él sea la salida piensa, quizás el haga uno de sus milagros y le de paz a su alma nuevamente. Ella reza mucho, llora y le ruega que la perdone si cometió algún pecado tan grave como para merecerse ese tormento. Al parecer el aferrarse a la fé y rezar en verdad la ayuda porque aprende a sobrellevar su dolor, a vivir con esa gran herida en el corazón. Sabe que aún habita dentro de ella pero aprendió a vivir con eso, ni todo el dinero gastado en psicólogos y pastillas le sirvieron de nada. Ahora confía más en esa fuerza sobrehumana que en cualquier otra cosa en el mundo. Fue su refugio y su valor, fue lo que la salvó del infierno en el que se sentía.
Pasa el tiempo y con él se van poco a poco los recuerdos, aún están ahí pero ya no son tan frecuentes, de repente se encuentra a ella misma riendo como antes y se sorprende, pensaba que sería incapaz de reír nuevamente. Decide salir con sus amigos, recuerda que tenía metas hace mucho tiempo y retornan las ganas de cumplirlas. Piensa en ella misma nuevamente, sabe que se ha descuidado mucho en todo ese tiempo en que estuvo recluida en su casa, regresa a ejercitarse nuevamente y siente la adrenalina correr nuevamente por sus venas, siente energías, se siente capaz de muchas cosas. Es como si hubiese estado mucho tiempo en coma y que de repente despertara y le ofrecieran una nueva vida, es capaz de hacer todo lo que quiso, todo lo que en algún momento planeó, decide verse más bella, pensar en ella y solo en ella. Buscar un trabajo mejor, cambiar de aspecto, conocer nuevas personas, se inscribe en los cursos que siempre anheló. Ahora se siente plena, sabe que la herida está comenzando a sanar y va muy bien, es un pasado doloroso pero al fin y al cabo es solo eso, el pasado. Y ella hará todo lo que esté en sus manos para que quede muy bien enterrado. Ahora solo quiere ser feliz. Y yo quiero verla feliz siempre.

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