Kalumis
Y qué hacer cuándo la pena se apodera de tu alma, cuándo te sientes más frágil de lo normal, cuándo piensas que las lágrimas se van a asomar en cualquier momento y no vas a poder controlarlo, tu sensibilidad llegó al límite y ya no es parte de ti, todo tú eres sensibilidad, lo más mínimo te afecta; sientes que en cualquier momento te vas a partir en mil pedazos y te vas a desmoronar. Solo es parte de proceso y lo sabes, antes fue peor. Prometiste que no volverías a amar de la misma forma, prometiste que no le permitirías a tu corazón sufrir tanto que afectara tu cuerpo, tu alma, tu vida entera, a tu familia y te dejara sola sin poder soportar la compañía de nadie.

Pero ahí estás nuevamente, pensando que ya no tienes control sobre ti misma, creyendo que no puedes tomar una decisión y luchar por ella; que no vas a poder con el dolor y la tristeza, que pueden más que tú. La herida aún no cierra, te encuentras todas las mañanas pensando en él y luchas con todas tus fuerza para borrar ese pensamiento de tu mente, para pensar en cosas positivas que te den fuerza para pasar el día con buen humor, una sonrisa en el rostro y todas tus metas pegadas en la frente. Un día sin pensar en todo los momentos que pasaron juntos, en las canciones que te hacen recordarlo, en su risa, en sus labios. Un día sin recordar sus frases más comunes, sin recordar las promesas, sin pensar en los planes que hicieron juntos. Un día sin que te duela recordar sus últimas palabras, esas que le pusieron fin a todo; es todo un logro. 

Lo único que te puede llevar a olvidar completamente, a recordar los momentos con una sonrisa y no con un retorcijón en el estómago, es la resignación. Cuando logres comprender que nunca fueron el uno para el otro, que a veces el amor no basta, que no supieron luchar porque el miedo pudo más, cuando no haya arrepentimiento sino aceptación; ese día podrás comenzar a olvidar. Cuando dejes de sentir rencor, cuando le desees a él lo mejor y te desees tu misma lo mejor, cuando comprendas que las cosas pasan por algo y este camino es el que te toca pasar para llegar hacia lo que te haga realmente feliz. El amor no se irá en un segundo, tendrás que aprender a vivir con ello y no odiarte por lo que sientes. Sentir amor no es malo, pero debes aprender a amarte a ti misma primero y luego aprenderás a amar a los demás. 

Un día despertarás y no lo recordarás más, otras ideas invadirán tu cabeza o hasta quizás otra persona sea la que se apodere de tus sueños tanto como lo hacía él. Te encontrarás buscando ese pensamiento que se te perdió y no recordarás que era, cuando después de mucho esfuerzo lo recuerdes, sonreirás y pensarás que fueron lindos momentos pero que la vida va para adelante, personas van y personas vienen, personas que te marcan, aquellas a las que siempre querrás, quizás de otra manera pero siempre ocuparán una parte de tu corazón. Comprenderás que todo tiene un momento, quizás lo seguirás queriendo en secreto pero aprenderás a vivir sin él, sin su recuerdo, sin saber de él, siempre deseándole lo mejor y rogándole a Dios que lo haga feliz ya que quizás tu no pudiste darle esa felicidad que él anhelaba.



Kalumis
Era más alto de lo que recordaba, los tacos no ayudaron mucho. Luego de un abrazo algo torpe, evité examinarlo con la mirada pero es que tenía que mirarlo bien, hace un año y medio exactamente que no lo veía. La melena larga que parecía no molestarle en lo absoluto, los nervios no se apoderaron de mi como imaginé, no me sudaron las manos, el corazón no me latía a mil por hora. Supongo que las circunstancias son otras, que pasaron muchas cosas durante todo este tiempo, que los sentimientos cambiaron radicalmente; supongo, porque aún no logro comprenderme y controlarme totalmente. Mi reciente costumbre de no demostrar mucho me llevó a tratarlo como un amigo común y corriente al cual no veía hace mucho tiempo, no sé que pasó conmigo, no sé a qué le tenía miedo. Me obligué a creer que éramos los mejores amigos y que tenía que hacer su estadía aquí la mejor experiencia y así conseguir que regresase con más entusiasmo la próxima vez y no solo obligado por las circunstancias.

Aquel primer día no fue nada especial, hablamos de cosas superficiales y sin importancia pero me alegró saber que yo estaba en sus planes, a pesar de que solo contaba con unos cuantos días aquí. Aún no logro entender como una especie de culpa se apoderó de mi, en qué momento pensé que le pertenecía a alguien más, que le debía explicaciones a alguien más, que necesitaba su aprobación; tonta yo. El día dos, me recogió media hora antes de lo acordado como siempre, que manía suya con la puntualidad. Nos reímos demasiado con la película y luego fuimos a caminar por el malecón, tan romántica como la luna, tan fría como la noche y es que mi cita perfecta siempre será así. Hablamos de la vida, del pasado, recordamos cuando nos conocimos en esa linda ciudad de la cual me enamoré, de mis planes de irme de Lima, de dejar el trabajo, de comenzar la tesis, de su ascenso, de Ron- su lindo beagle-, de lo que solía hacer en su tiempo libre y de aquello que no se atrevió a contarme por chat y que a pesar de su vergüenza me contó. Caminamos, hablamos y seguimos caminando hasta que el frío y el cansancio pudieron más conmigo que las ganas de que el día no terminara. El tercer y último día nos encontramos en una cafetería de San Isidro, él me entregó un libro, dulce de leche y alfajores, yo le envié a Ron las cosas que le había comprado. Caminamos, tomamos fotografías, nos reímos mucho y finalmente llegó la hora de decir adiós, un hasta luego nos resultó mejor; esta vez fueron dos abrazos torpes y la incomodidad de no saber cómo reaccionar, no saber que decir, prefiriendo callar a pesar de que los dos sentíamos que quedaban mil cosas por decir.

Mi mejor amiga me sugirió un par de regalos cursis que no cuadraban con mis expectativas, preferí comprarle algo a Ron y así no demostrar más de lo debido. Fueron lindos días, pero las cosas en ese momento habían cambiado, exactamente un año atrás hubiese dado todo porque él estuviese acá, aunque solo fueran pocos días, hace un año atrás le hubiese dicho lo que sentía, tal cual, sin rodeos. Como aquella vez que le traté de decir sutilmente todo lo que sentía y el supo evadirme y simplemente no responder, fue cuando dejé de preguntarle incansablemente cuando vendría. Y un día como hoy luego de que pasaron dieciocho meses él me dice lo que siente por mí, que es exactamente lo mismo que yo sentía por él hace un tiempo. Parece gracioso, pero la vida juega con nosotros a su antojo, me volví a enamorar y no fue de él, lo quise por mucho tiempo o al menos eso pensé, pero ahora soy yo la que evade sus preguntas, la que no le da esperanzas, probablemente ya sea tarde para esta historia que me parece tan conocida, es como si se volviera a repetir sin cansancio. Un día como hoy descubro que los amores lejanos son casi un imposible, que quizás si el destino hubiese querido que pasemos más tiempo juntos podría haber funcionado, quizás, es solo una teoría, que probablemente algún día probemos.