Desde que eras un pequeño chinchón de suelo, desde que tenías cinco años o si eras más precoz aún desde los tres años, cuando empezaste el nido, ya andabas soñando con el príncipe azul, con aquel niño al que le jalabas el cabello y luego te echabas a correr; con ese niño que te compartía su leche chocolatada en cajita. Veías tus películas de Disney en VHS unas 80 veces y hasta te sabías las canciones de memoria, soñabas con esperar a tu príncipe azul en una mazmorra y que vendría en su caballo blanco a rescatarte. Para navidad le hacía tu pedido a Papanoel: “Una Barbie novia con su vestido blaaanco y su Ken por favor, porque sino con quien se casa, ni modo que sea una solterona”. Y para Enero ya estabas organizando la boda, poniendo a tus peluches, tu pelona y tus ositos cariñositos como invitados.
A los doce años, sigues pensando en maripositas y si el chico de tus sueños te lanza una mirada, casi casi caes desmayada y convocas a una reunión de urgencia a tus amiguitas del salón para contarles paso a paso como se desarrolló tan magno evento. A esa edad tiene un amor platónico, sí es platónico porque él nunca se podría enterar de lo que sientes por él porque eso significaría cambiarte de apellido, de teléfono y hasta de casa. Regresas de tus vacaciones de verano y juegas verdad o mentira con tus amigas, para darte cuenta que algunas ya fueron besadas (al menos eso dicen), así que tomas la decisión de que ya es tiempo de que alguien te presente a tu príncipe azul, a tu hada madrina y que te traigan la carroza. ¿Y cómo es tu chico perfecto?, a esa edad tu chico perfecto, es el que te manda cartas, te regala peluches, te envía mensajes con tus amigas, escribe en un árbol tus iniciales y las de él, te cita en un lugar para conversar contigo de cuál es tu hobby favorito, te dice que le gustas, no habla con ninguna chica, excepto tu mejor amiga y para hablarle de ti obviamente.
A los diecisiete años, tu chico perfecto es aquel que sabe bailar, te recoge de la universidad, publica en su estado de Facebook que está en una relación, te escribe mensajitos lindos en tu muro, te manda flores, te lleva al cine, te recoge para ir a una fiesta y te devuelve a la hora, es aquel al que tus papás aceptan, está estudiando en la universidad, es guapo, tiene buen cuerpo, se viste a la moda, le gustan las fotos, le gustan las cosas arriesgadas, practica algún deporte: skate, bicicleta, fútbol, o demás y con eso te basta para que sea el chico de tus sueños.
Entre los veinte y treinta años, tu príncipe azul cambia radicalmente después de que los hombres te rompieron el corazón, te decepcionaron, uno fue peor que el otro y simplemente llegaste a la conclusión de que no existe el hombre perfecto, que los cuentos de hadas deberían llamarse cuentos chinos, que las películas de Walt Disney son la peor estafa del siglo y las princesitas deber ser unas fumeques y que por eso andan sonriendo y soñando con príncipes.
Pero sin pensarlos, después de besar muchos sapos, lagartijas e iguanas; llega tu príncipe en su carro negro del año (versión actualizada del caballo blanco), y tú decides arriesgarte nuevamente pero esta vez no te equivocaste, tu hombre perfecto llegó, y digo TU hombre perfecto, porque no es perfecto ante los ojos de todos, es perfecto para TI. No, no es el amor que te ciega y te hace pensar que Christian Grey le queda chiquitito, es que en verdad es tu alma gemela, la mugre de tu uña, la llave de tu cerradura, con sus defectos y virtudes es perfecto para ti.
Todas soñamos con un hombre que sabe lo que quiere, ósea que esté seguro de que te quiere a ti, un hombre que no ponga en peligro su relación hablando con culisueltas en el Facebook y que dé pie a malas interpretaciones. Un hombre que recuerde cada fecha especial y te sorprenda siempre con cosas lindas y cursis, aunque tú le digas que no gaste, que no es necesario. Un hombre que entienda tus sueños y te aliente, que se alegre por tus logros y no que se sienta menos hombre por eso. Un hombre que te trate como una princesa, te abra la puerta del carro, te recoja cuando sales tarde de estudiar, que se preocupe por tu seguridad. Un hombre que comprenda que también quieres pasar un tiempo a solas con tus amigos. Un hombre que no te de motivos para que desconfíes de él, a tal punto que no te moleste que salga a conversar con su mejor amiga. Un hombre que te prepare el desayuno, y que cuando te vea cocinando, quiera ayudarte y así la comida salga más deliciosa aún. Un hombre que te escuche siempre, a pesar de que digas boludez y media. Un hombre que siempre te arranque una sonrisa con sus bromas y que siempre esté de buen humor. Un hombre que sea desordenado como tú, pero que entienda cuando reniegas por el desorden. Un hombre que es tan adorable que hasta cuando está molesto, se ve lindo. Un hombre que sea tu mejor amigo, un excelente amante y un ejemplo de padre. Un hombre que esté dispuesto a mejorar sus hábitos por convicción y no porque es un pisado. Un hombre con carácter, con el que te sientas segura, protegida y que pelee por sus ideas aunque peque de terco. Un hombre dulce y sexy a la vez. Un hombre que te regale zapatos, porque tú los amas. Un hombre que te acompañe de compras y te dé su opinión. Un hombre que deje que lo aconsejes a la hora de vestirse. Un hombre que te ame y te respete sobre todo. Cada una tiene su hombre perfecto, así que si lo encuentras, chápalo y no lo sueltes.






