Compramos los pasajes cuatro meses antes con los
kilómetros de nuestras tarjetas de crédito, reducir gastos y pasarla bien
tienen que ir de la mano ahora que tenemos tantos planes juntos. Es nuestro
sexto viaje en menos de un año y esperamos seguir viajando todo el tiempo que
podamos porque amamos conocer nuevos lugares, nuevas personas, colmar nuestra
mente de recuerdos hermosos y paisajes increíbles; nos encanta la aventura, la
adrenalina y gracias a aquel ángel que nos cuida, todos los viajes han ido de
maravilla.
Nos enviaron un mensaje dos días antes de viajar
diciéndonos que nuestro vuelo de retorno se había adelantado casi doce horas,
estaba a punto de entrar en pánico porque este cambio solo nos daba 24 horas en
Piura lo cual era nada. Pero se me prendió el foquito y recordé a mi buena
amiga Mily que trabaja en la línea aérea en la que viajaríamos, me dio una información
excelente, podíamos cambiar nuestro vuelo pidiendo una "protección"
completamente gratis. Entonces eso hicimos, adelantamos nuestro vuelo de salida
y retrasamos el de regreso, lo cual nos daba más tiempo para disfrutar de
nuestro pequeño Caribe norteño. Moraleja: "Podemos sacar provecho hasta de
los problemas".
Un día antes alistamos maletas y nos acostamos
temprano, prometimos no llevar tanto equipaje como si fuésemos a acampar al
desierto o algo por el estilo, vamos mejorando en ese aspecto. Yo solo llevé
una mochila y me sentí muy orgullosa de mi hazaña, hicimos check-in 48 horas
antes así que llegamos al aeropuerto a tiempo para tomar el avión, peinados y
con los zapatos puestos. El avión llegó a Piura a la hora planificada y el
clima era genial, sol y viento fresco, no se podía pedir más. Tomamos un taxi a
la Av. Los Cocos, donde subimos a una van directo a Máncora Beach, el chofer súper
responsable, lento pero seguro, tanto que aproveché en tomar una siesta, convencida
de que iba a llegar sana y salva.
El último trayecto de Máncora Pueblo a Las
Pocitas donde estaba el Hotel que reservamos lo hicimos en moto y por fin estábamos
en nuestra habitación justo para presenciar un maravilloso sunset, ese que
tanto adoro. Un duchazo y a almorzar en el restaurant de Claro de Luna, así se
llamaba nuestro hotel, lo escogimos porque vimos muchos buenos comentarios en
TripAdvisor y el resultado fue excelente, lo amamos. El hotel es muy acogedor,
no es muy lujoso pero tiene todo lo necesario, agua caliente siempre que lo
necesites, cable, una biblioteca impecable (escogí la biografía de Steve Job),
un proyector y cientos de películas para escoger; dos piscinas no tan grandes
como para ahogarte si no sabes nadar, ni tan pequeña como para parecer Kiko en
Acapulco; mesas con vista a la playa, hamacas para cada habitación, una carta
de platos variados y deliciosos y unos dueños muy amables que nos hicieron
sentir como en casa. No podíamos pedir más, ¿o sí?, ah sí, unos precios al
alcance de nuestro bolsillo, nada exagerados comparándolo con otros hoteles de
la playa.
El primer día disfrutamos del hotel, almorzamos,
tomamos un baño, caminamos por la playa, vimos una película y comimos pizza
artesanal. Al día siguiente nos levantamos temprano para aprovechar el hermoso
día que nos iluminaba con un hermoso sol matutino, nos pusimos los trajes de
baño y fuimos en busca de los deportes de aventura que ofrece el Hotel
Grandmare, caminamos por la orilla del mar quince minutos para llegar al hotel
y en el trayecto aprovechamos para tomarnos unas cuantas fotografías divertidas
con aquel paisaje hermoso de cómplice y así fue que nos subimos a una moto
acuática y nos encantó la experiencia, adrenalina al máximo, conmigo al volante
estábamos muy adentro en el mar tratando de no voltear la moto, para así no
tener que luchar con el pequeño detalle de no saber nadar. Y bueno, es que nos
encanta la adrenalina, es algo que compartimos y tratamos de disfrutar juntos.
La gente en Máncora es muy amable, te hablan como
si te conocieran de toda la vida, aunque a pesar de eso estuvimos conscientes
de lo peligroso que se ha vuelto Piura en estos tiempos; yo rezaba un padre
nuestro cada vez que nos subíamos a una moto por la noche. Nuestra última noche
tuvimos una cena romántica en el Hotel DCO, teníamos una mesa reservada para
nosotros en la playa con una decoración perfecta para la ocasión, estábamos muy
entusiasmados por probar la famosa langosta, pero la verdad no cumplió nuestras
expectativas; aunque igual pasamos una linda noche escuchando las olas del mar
desde una mesa rodeada de velas que nos encargamos de apagar con nuestras
travesuras.
Nada más excitante que la luna, el sonido del mar
y la oscuridad de la noche, la pasamos genial y nos amamos más que nunca,
nuestro último día en Máncora lo invertimos corriendo por la playa, tomando un delicioso desayuno continental, nadando en la piscina y viendo una película en la
pequeña sala de cine del hotel. Alistamos maletas y nos despedimos de los
amables dueños del hotel, llegamos sanos y salvos a Lima, algo cansados pero
felices y satisfechos. Gracias Dios por todo lo que nos das.









