La guía de turismo nos recomendó ir al Barrio Latino y comprar los crepes de calles, nos prometió que eran los mejores crepes de calle, así que nos fuimos a buscarlos, tomamos 3 conexiones de metro y en 30 minutos estábamos ahí, nos sentimos como en casa, mucho lugar español. Mientras caminábamos vimos el primer puesto de crepes, una linda chica de unos veintitantos, delgada y pálida nos hablaba en francés, luego nos miró bien y nos habló en español, nos ofreció un crepe salado, uno dulce y un vaso de sidra a solo 6 euros, una ganga, usualmente comíamos con 10 euros como mínimo, además nos invitó a pasar sin cobrarnos los cubiertos, algo que casi todos hacen en este continente y algo que es poco común en Perú.
Ahí dentro conocimos a Julio, un loco de los más locos, pero un loco simpático, debe haber tenido unos cincuenta y picos, nos preguntó de dónde veníamos, pensó que estábamos locos por venir de Perú a Paris, porque pensó que veníamos a quedarnos, nos contó que eran de Argentina aunque el parecía más chileno, que había conocido más de 120 países, que siempre había trabajado, hasta pidiendo limosna y que se daba una buena vida pidiendo limosna, que vivía en Paris ya hace 20 años, algo en su historia no cuadraba, pero bueno nos hizo ameno el almuerzo, al parecer le caímos bien y no dejó de hablarnos mientras guardaba la sidra en botellas, preparaba la mezcla de crepes y atendía las mesas. Jimena no hablaba mucho, solo se reía mientras el loco Julio nos contaba sus historias, quizás reía porque pensaba que lo que decía no tenía sentido.
Llegaron unas lindas chicas francesas y Julio fue alegre a atenderlas, decía que quería llevarla a una de ellas a su tierra y que ella viviría feliz, pero que él regresaría porque se aburriría allá y que luego volvería a llevar a otra francesita. Además nos contó la historia de Anthony de Mello, pero a su manera, igual me gustó mucho, mi meta nunca ha sido ser millonaria sino disfrutar de los pequeños detalles de nuestro camino en la vida:
Cuentan que había un pescador que estaba tranquilo reposando al lado de su bote cuando se le acercó un hombre de negocios y le dijo:
¿Qué hace durmiendo y relajándose en pleno día? Usted debería estar con su bote en el mar, pescando.
¿Y qué ganaría con eso? – preguntó el pescador.
Quizá con ese dinero adicional podría comprarse un segundo bote.
¿Y qué ganaría con eso?
Con dos botes usted podría ahorrar dinero y hasta comprarse una flota entera
¿Y qué ganaría con eso?
Usted podría ser millonario
¿Y qué ganaría con eso?
Usted podría tener tiempo para vivir, relajarse y ser feliz.
¿Y qué cree que estoy haciendo en este momento? – le respondió finalmente el pescador.
Los crepes estaban deliciosos, la sidra espectacular, comimos más de la cuenta, y queríamos pagarle un adicional porque recibirnos con tanta hospitalidad, pero finalmente nos cobró menos, no queríamos aceptar, pero nos dijo que estábamos de viaje y que era por la simpatía, ojala los volvamos a ver algún día, al parecer les dimos suerte porque el negocio se llenó y es que ellos son unos buenos anfitriones, este un bello recuerdo de nuestro último día en París.
Ahí dentro conocimos a Julio, un loco de los más locos, pero un loco simpático, debe haber tenido unos cincuenta y picos, nos preguntó de dónde veníamos, pensó que estábamos locos por venir de Perú a Paris, porque pensó que veníamos a quedarnos, nos contó que eran de Argentina aunque el parecía más chileno, que había conocido más de 120 países, que siempre había trabajado, hasta pidiendo limosna y que se daba una buena vida pidiendo limosna, que vivía en Paris ya hace 20 años, algo en su historia no cuadraba, pero bueno nos hizo ameno el almuerzo, al parecer le caímos bien y no dejó de hablarnos mientras guardaba la sidra en botellas, preparaba la mezcla de crepes y atendía las mesas. Jimena no hablaba mucho, solo se reía mientras el loco Julio nos contaba sus historias, quizás reía porque pensaba que lo que decía no tenía sentido.
Llegaron unas lindas chicas francesas y Julio fue alegre a atenderlas, decía que quería llevarla a una de ellas a su tierra y que ella viviría feliz, pero que él regresaría porque se aburriría allá y que luego volvería a llevar a otra francesita. Además nos contó la historia de Anthony de Mello, pero a su manera, igual me gustó mucho, mi meta nunca ha sido ser millonaria sino disfrutar de los pequeños detalles de nuestro camino en la vida:
Cuentan que había un pescador que estaba tranquilo reposando al lado de su bote cuando se le acercó un hombre de negocios y le dijo:
¿Qué hace durmiendo y relajándose en pleno día? Usted debería estar con su bote en el mar, pescando.
¿Y qué ganaría con eso? – preguntó el pescador.
Quizá con ese dinero adicional podría comprarse un segundo bote.
¿Y qué ganaría con eso?
Con dos botes usted podría ahorrar dinero y hasta comprarse una flota entera
¿Y qué ganaría con eso?
Usted podría ser millonario
¿Y qué ganaría con eso?
Usted podría tener tiempo para vivir, relajarse y ser feliz.
¿Y qué cree que estoy haciendo en este momento? – le respondió finalmente el pescador.
- Anthony de Mello
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