Kalumis
Era una mañana de mayo cuando decidí ir a visitar a la Doctora, ya que los síntomas de las últimas semanas habían sido muy raros, tenía una leve sospecha, muy leve, porque algo que aprendí de la vida fue que a veces no deberías tener muchas expectativas porque duele cuando te desinflan el globo de la ilusión que tu solita te dedicaste a inflar. 
Entré yo sola a la consulta, quería que las noticias buenas o malas solo me las dieran a mí y que luego yo decidieran como contárselo a los demás. Tenía un pequeño problema de salud, nada grave, nada definitivo, pero tenía mis dudas con respecto a lo que Dios quería para mi familia, así que deje todo en sus maravillosas manos, sus tiempos son perfectos, solo él sabe lo que es mejor para mí. Luego de explicarle mis síntomas a la Dra. Y ver que ella tampoco tenía ni la más mínima sospecha, decidí hacerme una ecografía. Las dos vimos extrañadas un pequeño punto negro, muy pequeñito, pero muy nítido, como si estuviera intentando darse a notar y no pasar desapercibido. La Dra. Me envió un examen de sangre, para descartar un embarazo, yo ya me había hecho dos pruebas caseras y las noticias eran negativas, con esa imagen en mi cabeza comencé a sospechar que algo mágico podía pasar, le pedí a la chica del laboratorio que nos dieran los resultados el mismo día y así fue. José me esperaba afuera del consultorio y cuando le comenté del examen de sangre sin darle mucha importancia, puso cara de miedo, alegría, emoción, terror, de todo un poco, lo calmé diciéndole que era un examen de rutina, que yo pensaba que no era nada.

Ese día yo no estaría en casa, así que podía guardar mi resultado en secreto, cuando me enteré que el resultado era positivo (solo confirmé mis sospechas) lo único en lo que podía pensar era en cómo decirle a papá, aún no me detuve a pensar en todo lo que se venía .Tuve que mentirle a papito y decirle que el resultado había dado negativo, así me dio tiempo de planear la sorpresa macabra. Así armé una cajita con la prueba, un chupón y una tarjetita que decía “Voy a ser papá”. 
Era como siempre lo había imaginado, nunca quise perderme la cara de papito cuando le diera la sorpresa y fue mejor de lo que me imaginé, siempre tendré esa cara de sorpresa, horror, alegría, emoción, todo junto. Fue lo máximo y yo no podía estar más feliz de compartir esa noticia con él. Tener esa noticia en secreto durante 3 meses, le costó a él más que a mí; y usualmente soy yo la que no puede mantener un secreto. Esta noticia nos ha causado muchos sentimientos encontrados, miedo, alegría, ilusión, temor, pero a pesar de todo somos felices, no sabíamos cuando ibas a llegar pero siempre te soñamos, imaginamos tus rasgos, tu nombre, tu personalidad. 
Y cuando tu sueños se van haciendo realidad uno a uno, poco a poco, no puedes hacer más que agradecerle a Dios por todo lo maravilloso que hace en tu vida, cuando a veces crees no merecerlo. No puedo mentir, el miedo está ahí, día a día, pero como alguien me dijo un día, el miedo no viene de Dios, porque no es bueno, así que mejor le decimos adiós al miedo y solo pensamos positivo y le seguimos agradeciendo a nuestro Padre, por cada segundo de vida, que él nos da para verte crecer en mi panzita. Te amo bebé, aunque solo tengas unas pocas semanas y seas del tamaño de una lentejita, ya te amábamos desde antes de concebirte.
Etiquetas: | edit post
0 Responses

Publicar un comentario