Kalumis
Recordé que tenía que hacer algo importante y de un salto me levanté de la cama -con el pie izquierdo, estoy segura- enseguida sentí un fuerte dolor de cabeza y la habitación me dio vueltas, decidí regresar a mi posición inicial de inmediato, quizás así todo regresaría a la normalidad pensé, recuerdo que mi cabeza tocó la almohada con mi cuerpo en posición fetal. Luego tuve una pesadilla, todo se puso negro, sentía que todo se movía a mi alrededor, sentía que algo malo pasaba, me faltaba la respiración, sentía como aquella vez en el mar, que no tenía control de mi cuerpo que la corriente me movía. Para mi fueron tres segundos, regresé a la realidad con una gran bocanada de aire y sentí que algo malo había pasado, no conmigo sino a mi alrededor, mi respiración era agitada, sentía como si se me dificultara respirar, tenía escalofríos y me temblaban las piernas y las manos.


Algo había sucedido en esos tres segundos que él me miraba con cara de susto y gritaba que llamaran a una ambulancia, lo primero que me pasó por la cabeza es que hubo un temblor, probablemente porque sentí que todo se movía, luego pensé que alguien se había puesto mal, obviamente no pensé en mi a la primera; luego en sus ojos vi reflejado lo que había sucedido, algo había pasado conmigo, luego del mareo, en esos tres segundos. Él me llevó a la primera planta de la casa descalza, y su familia esperaba asustada, yo solo preguntaba ¿qué pasó?, no entendía porque el miedo en sus ojos. La enfermera me tomó la presión, todo normal, dijo. Me preguntó si tenía problemas de circulación o del corazón, a todo dije que no. ¿Alguien me puede explicar lo que pasó?, pensé. Pero nadie se atrevía a decirme, los vi tan asustados que tuve que hacer una broma, aunque nadie se río, creo que se calmaron al verme sonreír.

Cómo te puedes reír - me imputaba él.

¿Ya me puedes decir qué pasó?- le dije yo.

Te vi echada y pensé que dormías, pero luego comenzaste a hacer un ruido con la garganta, te pusiste rígida, tus ojos estaban abiertos, tu cuerpo estaba duro y no reaccionabas. Y luego… comenzaste a convulsionar y… creo que no podías respirar. ¡Me asusté mucho!, por eso salí y marqué a la ambulancia, regresé rápidamente a verte y gracias a Dios habías reaccionado. ¡Me asusté mucho, enserio! ¡Nunca más me hagas eso! – me contó, con la voz entrecortada.

 
No podía creer lo que me decía, ¿Todo eso había pasado en esos tres segundos que pensé que duró mi pesadilla? Nunca antes me había sucedido y espero que nunca más me suceda, imagino su miedo, su impotencia por no saber qué hacer; yo me sentiría igual o peor si le pasara algo.

Esperemos los resultados.


Kalumis
Según mi humilde y corta experiencia, he llegado a  la conclusión que existen varios tipos de amor, unos mejores que otros, algunos que te hieren y algunos que te hacen feliz. Así que los nominados son:

El Amor platónico: Ese amor que sientes cuando estás en Primaria (los más precoces en Inicial), nadie sabe que te gusta ese chico con corte honguito o "cabeza de choza" como tú lo llamas, es más todos piensan que te cae mal y lo odias porque se le ocurrió ponerte un apodo tonto como "vaso de leche", pero la verdad es que sueñas con él y lo ves como el príncipe inalcanzable que está un año adelante tuyo y sale con chicas mayores. Suspiras cuando lo ves, y te sonrojas cuando te llama por tu dulce apodo. Nadie sabe que te gusta y por supuesto que nadie se enterará nunca, ya que eso significaría que tarde o temprano él se enteraría e inminentemente tendrías que cambiar de colegio o ponerte una bolsa de papel en la cabeza de por vida. Finalmente, el próximo año no lo ves más, preguntas por él como quien no quiere la cosa y te enteras que se cambió de colegio, lloras inconsolablemente pero a los dos días ya no te duele más.

El primer amor: Ese amor que te hace sentir mariposas en el estómago, lo que sientes cuando lo ves pasar con su patineta y te sonríe a lo lejos, es lo mejorcito de tu calle y piensas que jamás te haría caso, pero de pronto te dicen que también le gustas, que todo él tiene todo fríamente calculado con tus amigas para aquel momento que te pida que seas su enamorada, te sientes en las nubes, sueñas que estás viviendo tu cuento de hadas, eso que solo pasa en las películas, dibujas corazoncitos y ya planificas hasta el nombre de tus hijos, él te entrega un anillo trucho pero que para tí es el mejor regalo del mundo. Nunca se dan un beso, ni se agarran de la mano  pero son enamorados hasta que acaba el verano. Tu papá se entera y te obliga a terminar con él, entras en depresión, no comes, sientes que eres la protagonista de una película hindú. Hasta que finalmente te enteras que él está con tu mejor amiga y es la primera vez que sientes lo que es tener el corazón roto.

El amor falso: Ese amor que te inventas por despecho, te gusta pero no sientes maripositas en el estómago, solo que te parece demasiado guapo para dejarlo pasar, lo besas mientras abres los ojos y ves pasar a tu ex con su nueva enamorada. Tu ex te vé y se ríe; pero tu piensas que se muere de celos y que al día siguiente terminará con su enamorada y regresará corriendo a tus brazos. Por supuesto que eso nunca sucede, así que terminas con ese pobre chico porque ya no le ves utilidad; y es la primera vez que tú le rompes el corazón a alguien. Luego descubrirás que el karma existe y que nunca debiste hacer algo así.

El amor tierno: Regresas con tu primer amor finalmente, ya que no  pudiste olvidarte de él aunque lo intentaste varias veces; todo es felicidad, ternura, cartas cursis, peluches, regalos, posters, caminatas largas, besos y demás. Pero existe un problema, no hay pasión; ya creciste y el chico piensa todo el día en eso pero a tí no te emociona tanto, no te parece nada interesante, eres feliz solo dándole besitos tiernos y llamándolo con apodos cariñosos como: osito, bebito, amorcito, bebecito y hasta hipopotamito. 

El amor obsesivo: Cometes muchos errores en tu corta vida y es que nadie te enseñó las reglas del amor. Luego de un largo romance con tu primer amor, te enamoras de su mejor amigo; nadie lo sabe, pero lo espías a través de tu ventana, cuando va a ver a su enamorada que para tú mala suerte vive en el mismo edificio que tú. Lo vas a ver en los ensayos de la banda que tiene con tu enamorado, felizmente tienes una excusa para verlo siempre. Cuando ya no puedes más terminas con tu enamorado y por suerte el mejor amigo de tu ahora ex, también termina con su enamorada. Te parece tan sexy, que lo seduces, lo enamoras, lo acosas, hasta que cae en tus brazos. Prácticamente lo obligas a quererte, le rompes el corazón a tu primer amor y todos te ven como la mala de la película. Pero nada te importa, solo te importa él y que ahora están juntos aunque el mundo se ponga en contra tuyo, grave error. Tu amor lo atosiga, haces un millón de cosas para que él te quiera cada día más, le compras cosas, le das sorpresas, prácticamente lo mantienes, tu amor es pura pasión. Luego de las mil cosas que hiciste para que él te quisiera, no consigues ni el cincuenta por ciento de lo que esperabas, te frustras y comienzan los celos, los reclamos, la angustia, el drama, terminan diez veces, se reconcilian, se deprimen, lloran, bajan de peso, saben que se hacen daño, hasta que finalmente luego de tres años de relación tormentosa, él te deja por otra y entiendes que el amor no se fuerza y que el karma existe. 

El amor-ilusión: Luego de andar deprimida y creer que el amor perfecto no existe, que mientras vas creciendo te encuentras con gente cada vez más mala, que no tienes amigos, que nadie te quiere y mil barbaridades más. En una de tus crisis existenciales te inventas un par de amores. El amor de tu mejor amigo, intestas algo con él en una noche de copas y terminas terriblemente arrepentida al día siguiente; no era amor, era solo ilusión. El amor de una noche de verano, él es médico, acaba de llegar, quiere llevarte a España, tiene todas las de ganar, pero después del primer beso, no quieres verlo nunca más; no era amor, era solo ilusión y un poco de conveniencia. El amor del chico con novia, él te cuenta sus penas, te dice que no le va bien con su novia, que ya no la quiere; se quita las ganas contigo y luego no te llama más; no era amor, era calentura.

El amor verdadero: Cuando ya has perdido toda esperanza, cuando piensas que los hombres son una basura, que nadie merece tu amor... bueno en realidad no es cierto, las mujeres podemos decir eso mil y un veces pero la verdad es que siempre guardamos esperanzas y nos ilusionamos en un abrir y cerrar de ojos. 
De repente, te comienzas a fijar en ese chico que te mira a hurtadillas, que te mira con ojos atentos y se avergüenza cuando lo descubres espiándote, te parece lindo, tus amigos hablan bien de él, es solo un año mayor que tú pero a llegado lejos para su edad, ¿cuál será su historia? te parece muy interesante, pero no se hablan, como lo ves tímido contigo, decides dar la iniciativa y pedirle ayuda con el software de tu celular. Comienzan las conversaciones cortas pero ayudan a romper el hielo, te causa gracias que sea tímido contigo, comienzan a salir en grupo, luego salen solos, se divierten, son muy parecidos, siempre hay tema de conversación cuando estás con él, hablan hasta muy tarde, te deja en tu casa, trabajan juntos así que se ven siempre, se conocen mejor y se enamoran, los dos dan un cien por ciento, son enamorados, se llevan bien en todos los sentidos, tus padres lo adoran, su familia te quiere, todo es maravilloso, es un amor tranquilo, maduro, dulce, comprensivo, son amigos ante todo, son super compatibles. Finalmente, no lo puedes creer pero el verdadero amor existe y tuviste la suerte de encontrarlo, llegó cuando menos lo pensaste, cuando ya estabas tirando la toalla, cuando te disponías a resignarte a un amor mediocre. Tienen mil planes y son cada día mejor persona, juntos. Eres realmente feliz y no piensas arruinarlo por nada del mundo, ya aprendiste la lección.

Y el ganador a la categoría "Tipos de amor" es: EL VERDADERO AMOR.

Gracias por llegar.

Atentamente,

Kalumis



Kalumis
Es tan complejo que nunca sabes lo que pasará, nunca puedes estar completamente seguro de lo que sientes y de lo que sentirás a lo largo de tu vida, puede ser tu amor de juventud el que tengas al lado, el amor de tu vida, la persona que te marcó y que estuvo más de la mitad de tu existencia apoyándote, escuchándote, aconsejándote, cuidándote, pensando en ti antes que en ella, obligándose a callar, mintiéndose ella misma solo por estar a tu lado. La conociste cuando aún no sabías lo que era el amor verdadero, cuando no sabías lo que era hacer el amor con la persona de quien estás enamorado, cuando no imaginaste sentir tanto amor y querer dar todo por alguien. Pero llegó y se quedó a tu lado por mucho tiempo, fue quien secó tus lágrimas cuando tus seres queridos partieron, fue quien te escuchó renegar por que algo no te salía bien, fue quien te cuidó cuando estuviste enfermo, fue quien te dio los recuerdos más maravillosos y los momentos más románticos, fue tu apoyo y tu fortaleza; tu motivación para seguir adelante, para generarle orgullo, para cumplir tus metas a su lado. 

El cariño, la confianza, la complicidad, la amistad, la sinceridad que había entre ustedes se notaba, te sentías tan cómodo a su lado que no podías ver más allá, con ella tenías todo, no necesitabas nada más. Pero el tiempo pasó muy rápido, el tiempo invertido no era suficiente, tu siempre con cara de pocos amigos, el tiempo y la rutina fueron tus peores enemigos. Ella te sigue amando luego de todo lo que pasaron juntos, después de darte dos hijos, después de pasar la mitad de su vida a tu lado. Tú perdiste el interés, buscas algo más, le dices al mundo que no te interesa, pero si buscaras en tu interior te darías cuenta que no puedes vivir sin ella, que si mañana te marcharas, te haría mucha falta, te faltaría una parte de ti mismo, porque ella es parte de ti lo quieras o no. La llaman crisis de los cuarenta, a muchos les pasa, pero quizás necesites vivirlo por ti mismo para que puedas reaccionar, quizás cuando pierdas todo puedas darte cuenta de lo que vale tenerlo todo en la vida y no sonreír, disfrutarlo y agradecerle a Dios por todo lo maravilloso que te ha dado.


Kalumis
Un día como hoy, le agradezco a la vida por lo que me da, porque lo que estoy viviendo, por todo lo que me ha pasado hasta el momento. Porque cuando doy la vuelta y pensamientos negativos rondan por mi cabeza siempre descubro que las cosas podrían ir peor, que no tengo derecho a quejarme, mejor aún siento que lo que vivo es simplemente maravilloso, cuando estoy a punto de arrepentirme de algunas cosas que hice en el pasado, me doy cuenta de que si no las hubiese hecho en su momento, ahora no estaría aquí, donde estoy, justamente en esta etapa de mi vida y viviendo lo que estoy viviendo.

Que si hubiese decidido estudiar otra carrera, probablemente no estaría ganando lo suficiente como para que esto sea un medio para llevar a cabo los planes que tengo en mente. Que si me hubiese ido a vivir a Buenos Aires, tendría que comenzar desde cero y probablemente me hubiese tomado más tiempo llegar hasta donde me lo propongo, no hubiera conocido a las personas maravillosas que luego conocí; probablemente me hubiesen roto el corazón otras cien veces y yo hubiera decepcionado a aquel chico por el que hubiese decidido dejar todo.

Que si nunca hubiese estado con él, aún seguiría trabajando en la constructora, ganaría lo mismo que ahora y no me hubiese atrevido a retirarme de la empresa nunca, tal como todos los miles de trabajadores que comienzan y terminan sus carreras trabajando para una sola empresa, dejando de lado sus sueños porque el puesto les inspira seguridad y no buscan nada más grande, seguiría ligada a él de alguna manera, seguiría con el mismo jefe que se llevaría el crédito y no me dejaría destacar. Y lo más importante de todo, no me hubiese cambiado de empresa y no hubiera conocido al amor de mi vida. No hubiera encontrado esta clase de amor, nunca hubiese descubierto que en realidad si existen las medias naranjas, que si puedo llevarme bien con alguien a pesar de mi carácter, mi engreimiento y mis locuras, que el amor no es aguantar a alguien sino amar toda su forma de ser, amar su forma de hablar, de sonreír; amar sus bromas, creer que tienes el mejor novio del mundo, admirarlo, aconsejarlo, mimarlo, sentir que tienes mil cosas que darle, no por deber sino porque tu corazón te lo pide.

No hubiera descubierto este amor, un amor que te lleva a hacer planes de a dos, a pensar que tu vida siempre hubiera estado incompleta sino lo hubieras encontrado. Que todo es más divertido de a dos, que tienes a alguien a quien puedes confiarle tus más oscuros secretos y que te seguirá amando, alguien en quién piensas al despertarte y al irte a acostar. Si no hubiese tomado todos los caminos y atajos que tomé no hubiese llegado a él, no me arrepiento de nada de lo que hice ni de ninguna decisión que tomé porque si la historia no hubiese sido tal cual, tal vez nunca lo hubiese conocido y no sentiría en este momento que esa partecita que me faltaba para ser completamente feliz por fin llegó.

Me encanta esta etapa de mi vida, donde puedo disfrutar íntegramente de lo que hago, donde puedo tomar decisiones por mi misma, donde puedo sentirme completamente segura de que puedo dejar el nido, que tengo la madurez necesaria y que tengo mil sueños que cumplir. Me encanta que él quiera exactamente lo mismo que yo, que me demuestre tanto su amor y que yo crea en él ciegamente, me encanta saber que somos dos soñadores uniendo sus vidas, que podemos llegar tan lejos como queramos, que yo puedo seguir mejorando a su lado, que nos apoyamos al uno a otro. Esto es con lo que siempre soñé, así que no me arrepiento de todas mis metidas de patas, de mis decisiones, de dejar que la vida me guíe, no me arrepiento de haberle pedido a Dios lo que le pedí porque es todo lo que me ha dado y más.

Jamás le hubiese pedido a la vida dinero, ni lujos, ni un esposo millonario, ni un trabajo en el que me paguen mucho por no hacer nada, porque sé que aunque tuviera todo eso y más, no sería feliz, la felicidad está en esos pequeños detalles, en ver a tu amor llegar con una sonrisa, en una abrazo, un beso, una sorpresa, en un masaje cuando llegas cansada, en un “te amo”, en una comida casera, en la sonrisa de un bebé, en ver que tu sueños se están cumpliendo, en el orgullo de tus padres, en aportar un granito de arena, en darle amor a los que te aman, en la propia felicidad de esas personas, en el cielo despejado, el los colores de las flores, en el olor a pan recién horneado, en un sunset hermoso, en tener el privilegio de vivir cerca al mar y disfrutar de él, en reír con tus amigos, en comer, en tomar fotografías, en el olor de las flores, en dormir, en tener la oportunidad de aprender nuevas cosas, en hacer cosas que ni tu sabías que eras capaz de hacer, en correr, en nadar, en todas aquellas cosas que hacemos todos los días y que nos parecen tan simples e insignificantes, pero que si tan solo nos pusiéramos a reflexionar, nos daríamos cuenta que si algún día perdiéramos todas estas cosas, nos haría demasiada falta.

Por el simple hecho de vivir, no me arrepiento.


Kalumis
Hoy me pongo a recordar y solo pienso en lo peligroso que pudo haber resultado aventurarnos a viajar sin conocer el camino, de madrugada, sin más compañía que nosotros dos, sin efectivo en la billetera, sin gasolina y sin miedo. Por supuesto que en ese momento solo pensábamos en pasar un día fuera de lo común, conocer nuevos lugares, lanzarnos a donde nos lleve el destino, tomar fotografías, conocernos más, relajarnos y todo eso sin morir en el intento.

Aún no teníamos decidido el destino cuando empaqué mis cosas y me despedí de mis padres, fuimos a casa de él a recoger sus cosas y aproveché de tomar una siesta ya que nuestra salida estaba programada para las dos de la madrugada. Prendimos él carro, él al volante, y decidimos ir a Canta – Obrajillo, ya que nos habían comentado que era un lugar lindo para hacer tour a caballo, conocer cataratas y comer. Compramos provisiones para el camino, lo cual incluía chicles, red bull y chocolates, todo para no dormir ya que nos esperaba algo de tres horas manejando. Yo de copiloto tenía la misión de vigilar que no nos gane el sueño, de monitorear el mapa gracias a Google Maps, de contar chistes, cantar, poner música e ingeniármelas para no aburrirnos. Nunca habíamos tomado esa ruta pero según se veía en el mapa no era muy difícil llegar. 

Íbamos con los semáforos en ámbar y titilando, ya que a esas alturas de la madrugada los semáforos dejan de funcionar, a 120 km/h y con el volumen al máximo nos olvidamos de llenar el tanque de gasolina y de sacar dinero del cajero, cuando nos dimos cuenta ya estábamos saliendo de Lima y la pista de asfalto se iba convirtiendo en trocha. Tomamos una ruta desconocida así que tuvimos que regresar a seguir los pasos que nos indicaba Google Maps, encontramos un par de gasolineras con nombres nunca antes vistos, hasta que llegamos a una de confianza pero que no tenía muy buena pinta. Le pagamos con tarjeta al encargado y le preguntamos si había un cajero cerca, pero nos contestó negativamente. Cuando ya estábamos comenzando a entrar en pánico, ya que estábamos seguros que no íbamos a encontrar un cajero más adelante, al encargado se le prendió el foquito y nos ofreció darnos efectivo de la tarjeta si le pagábamos 5% más y así fue. ¡Qué suerte la nuestra!

Dos horas después seguíamos en camino pero el cansancio y el sueño estaban haciendo meya en nosotros, así que decidimos buscar un pueblo cercano para pasar la noche, llegamos al primer pueblo que encontramos donde había un hotel al paso que habría 24 horas, pero decidimos seguir un poco más adelante y buscar un hotel en el siguiente pueblo, grave error. Llegamos al segundo pueblo, pero parecía un pueblo fantasma, todo estaba cerrado y no encontramos ningún hotel, posada, hospedaje, ni siquiera una tienda. Seguimos más adelante y encontramos un Club importante, pero nos enviaron de regreso por nuestro camino porque solo estaba reservado para socios. Parecíamos San José y la Virgen María buscando un refugio, gracias a Dios no estaba embarazada. No pasaba ni un alma dado que ya eran las cuatro de la mañana pero el señor del Club nos indicó un hotel a un par de cuadras antes, pero en el hotel nadie nos atendió a pesar de que casi tiramos la puerta abajo. Así que tuvimos que tomarnos las últimas gotas de Red Bull y mantener los ojos abiertos para seguir hasta llegar a Canta, ya que era nuestra única opción.

Después de una hora de viaje comenzamos a ver luces y gracias al mapa con GPS pudimos constatar que no estábamos muy lejos ¿Qué hubiese sido de nosotros sin Google Maps? Probablemente hubiésemos dormido en el carro porque cuando se iba la señal del GPS me sentía perdida en el mundo. Luego nos enteramos que habíamos tomado el camino más largo, pero bueno son cosas que pasan, nos pudo haber ido mucho peor. Llegamos a Canta, cansados, con sueño y de madrugada, era un pueblito muy rústico, con casitas de adobe y calles estrechas. Había un velorio en una casa de la calle principal, para nuestra buena suerte (y la mala suerte del difunto) había familiares en los alrededores tomando emoliente y café, así que preguntamos por un hotel con estacionamiento y nos enviaron a uno que parecía un cuartel. Con miedo, tocamos la puerta y nos atendió un joven a quien al juzgar por su rostro lo habíamos despertado de su quinto sueño. Para nuestra sorpresa podíamos pagar con tarjeta y así lo hicimos aunque nos pareció caro para un pueblito tan pequeño y para las pocas horas que nos íbamos a quedar porque ya estaba amaneciendo.

Dormimos un par de horas, nos bañamos y con algunas referencias del joven del hotel, nos dirigimos a Obrajillo que está a solo cinco minutos de Canta. Ahí conocimos a Luis un guía que hace tours a caballo por el pueblo, nos recomendó un restaurante y nos ofreció sus servicios, nos pareció muy amable así que prometimos regresar. Almorzamos nada menos que un chicharrón de chancho y una pachamanca, muy delicioso y a un precio muy cómodo. Dejamos el carro afuera de un restaurante, rezamos para que no sucediera nada y decidimos buscar nuevamente a Luis para tomar el tour ya que sus caballos eran unos de los más bellos que habíamos visto en el pueblo.

Luis cabalgaba a Rosita, yo a Aurorita una yegua de paso que le gustaba correr y mi novio cabalgaba a Filomeno, un caballo un tanto flojito. Pasamos por un sembrío de alfalfa, algo bastante rentable allá, por el primer Molino, por la catarata artificial donde se grabó una novela peruana, por unos hoteles que se veían muy acogedores y que eran mucho más baratos que el que elegimos (fuimos al más caro de la ciudad). Luis nos contó de su vida, nos dejó correr un poco con Filomeno y Aurorita y nos explicó de la vida en la ciudad. Al regreso comenzó la lluvia, delgada pero tupida, llegamos empapados a pesar del impermeable. Ya en el carro, sanos y salvos emprendimos el viaje de regreso tomando la ruta que nos había indicado Luis y llegamos en menos tiempo a Lima.  Cansados pero satisfechos, prometimos volver una vez más y conocer un poco más de ese hermoso pueblo que tan bien nos trato. Y por supuesto a visitar a Aurorita y Filomeno.


Kalumis
Un día como hoy puedo regresar y escribir el fin de la historia; una historia muy incierta, pero que tenía un final predecible. Mucho drama involucrado que valió la pena, que me sirvió para madurar, para aprender a ordenar mis prioridades y para tomar decisiones con la cabeza y no con el corazón. Aunque todo comenzó como una simple amistad, el amor surgió, un amor prohibido, un amor que no quise aceptar hasta que no pude ocultarlo más porque se notaba, porque la gente de nuestro entorno lo notó. Me alegró las mañanas, me volvió a ilusionar, me motivó a dedicarme a mil por ciento a cumplir mis sueños aunque uno de mis sueños haya sido secretamente estar con él hasta la eternidad. 

El amor pudo más que el temor de estar haciéndolo todo mal, pensaba que si lo amaba en secreto todo estaría bien. Luego de descubrir que no podía controlarlo más, que podía más que yo, decidí olvidarlo o hacer todo lo que estuviera en mis manos para olvidarlo, lo que me llevó a no querer verlo más, tratar de hablarle como a un buen amigo,  no salir con él, salir con otros amigos o prospecto de enamorados, distraerme con mis amigas, viajar, tratarlo mal, buscarle puntos negativos para poder odiarlo. Finalmente nada de eso funcionó, acepté que lo amaba, que no podía hacer nada al respecto. La fase que más temía llegó, fueron dos veces las que me encerré en el baño a llorar como una desahuciada e incontables veces las que lloré en mi cuarto preguntándole a Dios como había permitido que me enamore de él. Fueron tres veces en las que escuché frases suyas que me desgarraron el corazón, fueron mil veces las que me prometí dejar de amarlo, y unas quinientas veces las que le dije a él que lo olvidaría.

Aunque supe desde el principio que era imposible estar con él, un uno por ciento de mi conciencia creía que el amor podía más, que él dejaría todo por mí, que soportaría lo que vendría, que sería mi fuerza, que me daría seguridad de que por estar con él la vergüenza valdría la pena. Esperé una señal que nunca llegó, solo vislumbré miedo e inseguridad y fue cuando decidí que lo único que me quedaba era olvidar y alejarme, si de verdad me amaba a mi misma lo suficiente lo haría.

Dejé el trabajo, a los amigos y todos los vínculos que me unían a él, la depresión llegó y no estaba dispuesta a soportarla una vez más. Fue el día en el que me dijo que decidió tomar otro camino y alejarse del mío, en el que respiré hondo, me arrodillé y le pedí con todas las fuerzas de mi corazón a Dios que ayudara a olvidarlo, que me ayudara a no sufrir más, a poder cumplir con mis responsabilidades y mis metas de la mejor manera, sin que el sufrimiento me lo impidiera sin que me quitara la respiración.

Aún sigo pensando que lo quise y que si pude olvidarlo fue porque me lo propuse con el alma y porque recé mucho porque ello ocurra, porque pedí que llegara la persona adecuada para mí, la persona que me haga feliz en todos los aspectos y a quién pueda amar con todo el corazón, a alguien con quien pueda unirme con la bendición de Dios, a alguien a quien pueda amar sin dañar a nadie más. Esa persona llegó y sigo pensando que es lo adecuado, que la historia está escrita, que él no era para mí.




Kalumis
Y qué hacer cuándo la pena se apodera de tu alma, cuándo te sientes más frágil de lo normal, cuándo piensas que las lágrimas se van a asomar en cualquier momento y no vas a poder controlarlo, tu sensibilidad llegó al límite y ya no es parte de ti, todo tú eres sensibilidad, lo más mínimo te afecta; sientes que en cualquier momento te vas a partir en mil pedazos y te vas a desmoronar. Solo es parte de proceso y lo sabes, antes fue peor. Prometiste que no volverías a amar de la misma forma, prometiste que no le permitirías a tu corazón sufrir tanto que afectara tu cuerpo, tu alma, tu vida entera, a tu familia y te dejara sola sin poder soportar la compañía de nadie.

Pero ahí estás nuevamente, pensando que ya no tienes control sobre ti misma, creyendo que no puedes tomar una decisión y luchar por ella; que no vas a poder con el dolor y la tristeza, que pueden más que tú. La herida aún no cierra, te encuentras todas las mañanas pensando en él y luchas con todas tus fuerza para borrar ese pensamiento de tu mente, para pensar en cosas positivas que te den fuerza para pasar el día con buen humor, una sonrisa en el rostro y todas tus metas pegadas en la frente. Un día sin pensar en todo los momentos que pasaron juntos, en las canciones que te hacen recordarlo, en su risa, en sus labios. Un día sin recordar sus frases más comunes, sin recordar las promesas, sin pensar en los planes que hicieron juntos. Un día sin que te duela recordar sus últimas palabras, esas que le pusieron fin a todo; es todo un logro. 

Lo único que te puede llevar a olvidar completamente, a recordar los momentos con una sonrisa y no con un retorcijón en el estómago, es la resignación. Cuando logres comprender que nunca fueron el uno para el otro, que a veces el amor no basta, que no supieron luchar porque el miedo pudo más, cuando no haya arrepentimiento sino aceptación; ese día podrás comenzar a olvidar. Cuando dejes de sentir rencor, cuando le desees a él lo mejor y te desees tu misma lo mejor, cuando comprendas que las cosas pasan por algo y este camino es el que te toca pasar para llegar hacia lo que te haga realmente feliz. El amor no se irá en un segundo, tendrás que aprender a vivir con ello y no odiarte por lo que sientes. Sentir amor no es malo, pero debes aprender a amarte a ti misma primero y luego aprenderás a amar a los demás. 

Un día despertarás y no lo recordarás más, otras ideas invadirán tu cabeza o hasta quizás otra persona sea la que se apodere de tus sueños tanto como lo hacía él. Te encontrarás buscando ese pensamiento que se te perdió y no recordarás que era, cuando después de mucho esfuerzo lo recuerdes, sonreirás y pensarás que fueron lindos momentos pero que la vida va para adelante, personas van y personas vienen, personas que te marcan, aquellas a las que siempre querrás, quizás de otra manera pero siempre ocuparán una parte de tu corazón. Comprenderás que todo tiene un momento, quizás lo seguirás queriendo en secreto pero aprenderás a vivir sin él, sin su recuerdo, sin saber de él, siempre deseándole lo mejor y rogándole a Dios que lo haga feliz ya que quizás tu no pudiste darle esa felicidad que él anhelaba.