Kalumis
De cuando amas a tu hija con todo tu ser, pero eso no quita todos los sentimientos que conlleva la maternidad, de cuando no te sientes valorada, de cuando piensas que todo tu sacrificio no es reconocido. Ni siquiera esta pequeñita recordará todo lo que haces por ella y es tan chiquita que aún no sabe cómo decirte: ¡gracias mamá!, ¡tú puedes mamá!, disculpa por tus ojeras, por tu dolor, porque ya no tienes tiempo para ti y menos para mi papá. Ella no sabe que yo no estoy acostumbrada a todo esto de la maternidad y que hago mi mejor esfuerzo, pero aun así no basta.

Porque ser madre no es igual a ser padre, desde el embarazo, todo empieza a cambiar en tu vida, tienes que dejar atrás la ropa bonita, porque tienes que usar algo que sea cómodo para ti pero nada te entra, no debes comprar ropa porque pronto ya no te servirá, olvídate de los zapatos de tacón, ahora solo importa la comodidad, tus pies son tan grandes que solo puedes usar un par de zapatos o dos, te hinchas los últimos meses y debes soportar la burlas de tus amigas, porque no recuerdan que tienes la sensibilidad a flor de piel, no lo saben porque aún no han sido madres, no las culpo. Te duele la lumbar de estar sentada en la computadora, te mueves mil veces y vas otras cincuenta veces al baño. No hablemos de la nauseas matutinas, de no poder comer sin tener ganas de vomitar, de que debes comer sano porque no entiendes porque estás tan gorda y es que en realidad estás hinchada por retener líquidos, pero eso tú no lo entiendes. Todos te dicen que duermas todo lo que puedas, pero no puedes dormir, tienes calor y no encuentras una posición adecuada, porque alguien te patea desde adentro y además solo debes dormir de costado y de lado izquierdo, para que el bebé pueda recibir todo el oxígeno que necesita. Los últimos meses, te pesa todo y caminas dando pena. Ser madre es duro y eso que no llega la parte más difícil.

Lees un montón, ves videos, le preguntas a todo el mundo, quieres estar preparada porque te cagas de miedo, nunca has cuidado a un bebé, ni dos horas, ¿cómo harás con un recién nacido? ¿Cómo le darás de lactar? ¿Cómo diablos harás para dar a luz y soportar un dolor espantoso? Pero como buena perfeccionista que eres, te recontra presionas a ti misma, quieres lo mejor de lo mejor para tu bebé, tienes que dar a luz de forma natural, tienes que darle de lactar de forma exclusiva, tienes que ser la madre perfecta. Cuando llega la cesárea, se te cae el mundo encima, quieres llorar, hiciste todo bien, hasta caminaste cuando ya no podías más, aguantaste las contracciones, pero tu cuerpo te falló, no eres una “verdadera” madre que dio a luz con dolor, como Dios manda. ¡Pero claro que duele!, la cesárea duele. Estás cansada porque no dormiste por tratar de dilatar la noche anterior, pero la felicidad puede más, aun así tu cuerpo no perdona. El primer día no te puedes mover de tu cama, las enfermeras te limpian, te cambian, te ven desnuda, pareces un bebé, solo que un bebé con vergüenza, pero tienes que dejar que te hagan de todo a vista y paciencia de tu esposo, no puedes hablar porque te llenarás de gases, así que escribes todo en una pizarra. Tienes que darle de lactar a tu bebé y no te sale ni una gota, te duele, tu bebé te hace una grieta en un pezón, ¿de qué sirvió ver mil videos y leer ochenta libros? Te comienzas a desesperar, tu bebé tiene hambre y tú no puedes alimentarlo, ¿existe algo peor? No quieres que le den fórmula porque la has satanizado, pero son las 3 de la mañana no has dormido bien desde hace dos días y tu bebé no para de llorar, se la llevan a darle fórmula para que tú puedas descansar un poco, te sientes una “mala” madre, una “poca” mujer, hasta ahora nada ha salido como estaba planeado.

Llegan las visitas, estás agotada, fea y estresada porque tienes que darle de lactar a tu bebé y todas las visitas tienen que verte la teta, ¿qué puedes hacer? Primero es tu bebé y en la clínica no prohíben las visitas, todos pasan nomás, te aguantas y te tapas como puedes. Buscas mil recursos, la extractora, la pezonera, dolor y más dolor, te duele la cesárea, el cuerpo del cansancio y te duelen lo pechos a flor de piel, pero más te duele que las visitas te miran y te dan mil consejos, te ven sufriendo tratando de darle pecho a tu hija, no ayudan, te dicen que le des fórmula, que no tienes leche, las enfermeras también te asustan, si no moja el pañal se va a deshidratar, las palabras “mala madre” resuenan en tu cabeza. Esa segunda noche, lloras de frustración junto a la media onza de calostro que lograste sacar con la extractora después de mucho esfuerzo, no te la aceptan las enfermeras, te dicen que no sirve. Se llevan nuevamente a la bebé para que puedan descansar un par de horas, esa noche te despiertan unos escalofríos que no te dejan ni hablar, tu cuerpo convulsiona, no puedes llamar a tu esposo que duerme en el sofá, no sabes cómo llamarlo porque no puedes articular palabras, tus dientes golpean fuertes entre sí, gritas como puedes y llegan a ayudarte, es la leche que ya llegó te dicen, nadie te advirtió, pensabas que morías.

El tercer día tienes los pechos como piedras, te duelen horrores, ya llegó la leche pero no tiene ni idea de cómo sacarla, tu bebé tampoco puede, más frustración. Tienes que soportar masajes súper dolorosos, paños calientes y demás para poder liberarte de la leche acumulada. Ya tienes leche, ahora debes darle de lactar a tu bebé prácticamente todo el tiempo ¿no era cada dos horas? ¿Qué paso que no puedo ni ir al baño? Llega la “leve depresión postparto”, te siente desolada, triste, solo quieres tirarte a tu cama a llorar, pero no puedes, porque tienes que alimentar a tu bebé, cambiarle el pañal, bañarla, tienes que alimentarte y bañarte, no por ti sino por tu bebé.  No puedes dormir ni de día ni de noche, algo pasó que tienes el sueño súper ligero y tienes que mirar a tu bebé a cada momento para ver si respira. Te duele todo el cuerpo, tienes escalofríos, es producto de que no te estás extrayendo toda la leche y eso hace que te sientas fatal, sumándole a eso el cansancio y la depresión, nunca me imaginé que fuera tan difícil, solo quiero llorar y tirarme al abandono, pero no tengo derecho ni a eso, tengo que seguir porque una personita depende de ti. Tu bebé comienza a hacer ruidos mientras duerme, como si le doliera la barriguita, se mueve, se queja, se mueve y se queja, así durante las dos horas que logra dormir antes de pedirte leche, obvio no puedes dormir, tu bebé tiene algo. Tiempo después descubrirás que se debía a la fórmula. Osea, si hacemos cuentas tenemos: dolor de cuerpo, dolor de pechos, dolor de la herida de la cesárea, sueño infinito, porque no se puede dormir mientras tu bebé se queja del dolor de barriguita. Luego, de que el pediatra te prohíbe darle fórmula a la bebé y te manda una dieta criminal en la que no puedes tomar nada de lácteos, chocolate ni café, bajas tanto de peso, que llegas a pesar como cuando tenías 15 años. Te cagas de hambre todo el día, es decir, que al dolor y al sueño, le sumamos ahora el hambre, gracias.

Luego de que ya te acostumbraste al dolor, al hambre y al sueño, llega una infección al estómago que te lleva a emergencia y luego llega una mastitis que le agrega fiebres y más dolor al asunto. Hasta ahora todo bien piensas, al final yo aguanto todo pero a mi bebé que no le pase nada. Pero a tu bebé le da su primer resfrío, vomita mil veces y no puede dormir, tenemos que sentarla cada vez que tose y tratar de volverla a dormir, cada tos la despierta y la pobre está tan molesta, que llora del cansancio. Yo me siento triste, cansada, molesta, culpable, me dicen que fue mi culpa por poner el ventilador en casa, que no la abrigué bien, otra vez me siento “mala madre”. Llega la primera vacuna y el dolor de pierna de mi bebé, nunca la vimos llorar así, probamos mil cosas hasta que la pobre se quedó dormida del cansancio. Cuanto dolor siento de verla así, prefiero mil veces que me pase a mí, pero son los gajes de la maternidad, “los bebés siempre se enferman” te dicen para consolarte.

Aún ahora, luego de 7 meses, hemos pasado por dos episodios feos con una bacteria, que me llenó de frustración y tristeza. Como madre quisieras evitarle todo sufrimiento a tu hija y solo verla sonreír. La poca experiencia con bebé y niños, me costó horrores, aún me sigue costando. La lactancia es una responsabilidad enorme, si trabajas tienes que extraerte la leche de tu bebé como sea, es una presión grande, te mueres de miedo de que la leche se acabe y no tengas qué darle, porque no está acostumbrada a tomar otra leche, las madres prácticas dirían “pero dale fórmula”, pero esto es una decisión de dos, padre y madre. El no querer darle fórmula a tu bebé conlleva a varias cosas, cuidar la poca leche que te extraes como si fuera oro, tener que llegar a casa lo antes posible para poder darle pecho, no poder alejarte de tu bebé mucho tiempo porque puede darle hambre, el darle pecho a tu bebé en la madrugada las veces que se levante y hacerla dormir con el pecho. Tensión, estrés, responsabilidad, para mi lactancia materna es un peso que llevo encima, tiene su lado bello, pero es más el peso que cae sobre mis hombros. No tengo tregua, no me puedo enfermar porque deberé darle el pecho, no puedo dormir de corrido porque tengo que darle el pecho, no puedo salir a menos que deje leche extraída y como cada vez me sale menos, eso ya no es una posibilidad, no puedo usar vestidos porque tengo que dar el pecho, hay cosas que no puedo tomar porque tengo que dar el pecho, no me puedo teñir el cabello ni lacearme porque tengo que dar el pecho.

¿Soy una mala madre por quejarme? ¿Soy una mala madre por no mostrar una sonrisa a pesar de todo lo que siento? Lo único que me da paz es ver a Micaela, tan feliz, tan sana a pesar de todo, porque para ella trato de ser la mejor versión de mi misma, para ella solo hay sonrisas y juego, aunque por dentro me sienta fatal, ella solo saca lo mejor de mí. 
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Kalumis
Cierro los ojos y recuerdo ese gran día, aún no te conocía pero escuchaba tu llanto y yo lloraba también y eran lágrimas de felicidad, te escuchaba sana y fuerte, imponente. Sabía que papito estaba contigo y mi corazón iba a mil por hora, no quería sucumbir a la anestesia, no pensaba dormir, solo quería verte y saber que estabas bien. Eras increíble, grande, bella, sana y yo era la mujer más feliz del mundo.

Recuerdo tus manitas pequeñitas con dedos muy largos y unas uñitas delgaditas. Tan pequeña, tan frágil. Solo dormías, comías y te cambiábamos el pañal. Por momentos me deleitabas con una sonrisa mientras dormías, nos moríamos por cambiarte el pañal, por bañarte, todo lo que habíamos aprendido teóricamente por fin lo pondríamos en práctica. Fueron meses duros, durazos, pero todo pasó y cada día disfrutamos más y más de ti, de lo linda que te estás poniendo. 

Cada fin de semana contigo es alucinante, eres increíble, nos sorprendes con tus grandes logros y somos tus fans, siempre lo seremos. Eres tan inteligente, tan bella y sí que tienes un carácter y no eres una bebé fácil ¡pero te amamos por ello! Te amamos con toda tu personalidad, con todo tu esplendor. Nos sorprendiste con tus vueltas, de espalda a quedar de panzita y te encanta, hasta dormida te das vueltitas. Ya no quieres estar hechada porque la vida se ve mejor sentada y ya sabes sentarte sola, sin ayuda, eres tan fuerte que creo que tienes músculos mi niña, rompes las hojas de las revistas con una facilidad. Y ahora ya rampeas hechada de espaldas como una experta, te deslizas por toda la cama en un santiamén, tu abuelito dice que pareces un comando del ejército. Este fin, te compramos tu pandereta y la amaste, no querías soltarla, te enseñamos como tocarla y aprendiste al toque. Y como ha cambiado tu sueño mi niña, ¡ya sabes dormirte sola! Cuando despiertas en las madrugadas por tu tetita, ya no tenemos que pasearte con medio ojo abierto, ahora das muchas vueltas en la cama, tanto así que tengo que abrazarte para contenerte, pero finalmente te duermes solita. Hoy papá te hecho en la cama media cansadita y luego de moverte mucho, te dormiste sola, hasta te acomodaste rodando para quedar boca abajo y seguir durmiendo, ¿Cómo pasó eso?. Cada día nos sorprendes más, ahora también juegas sola, sentadita con tus juguetes, mientras nos miras hacer las cosas en casa. Todo esto solo significa algo, que estás creciendo, que poco a poco te vuelves más independiente y eso me da pena pero también me llena de felicidad y de orgullo. Te desarrollas muy bien y eso me dice que lo estamos haciendo bien, que somos buenos papitos y gracias a tus abuelitos que te quieren tanto y te cuidan, eres una niña maravillosa. Te amamos demasiado. 
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Kalumis
Mi niña ya son 5 meses de una experiencia inolvidable y si se me olvida pues lo escribo para revivir todas nuestras aventuras. Tu hermosa sonrisa, tus carcajadas, todos tus logros son de felicidad infinita. Nuestro abrazo de tres es lo mejor que nos pudo pasar, porque sentimos todo el amor que nos das y que nosotros te podemos dar. El amanecer y ver tu carita sonriente no tiene precio, que despiertes llena de besos de tus dos papitos sé qué te hace feliz, amada, segura de ti misma. A tus 5 meses ya te carcajeas, ya descubriste tus pies, ya te sientas como ranita y te encanta, adoras estar sin ropa y sin pañal mejor aún, aunque es invierno mi niña. Ya tomas tu biberón con juguito de granadilla, pero a tu papilla de arroz le haces fuchi, quieres meter todo a tu boquita, quieres comerte el mundo, ves algo nuevo y te tiras como en piscina hay que agarrarte fuerte, te emociona bañarte y chapoteas de lo mejor, quisieras vivir en tu tina, creo que has sido sirena en tu otra vida. Ya tuviste tu primer corte de cabello porque tienes mucho cabello y súper largo aunque se te está cayendo por partes. Cada día estás más bella, no sabemos qué hacer con tu carita dulce y tus cachetes ricos. Ya balbuceas y dices cosas en tu idioma, gritas en unas notas altísimas y bien cerquita a nuestras orejas, como para dejar zumbando nuestros oídos. Tienes un carácter único, cuando quieres algo lo pides a gritos y cuando no quieres algo no hay como obligarte, ya aprendiste a golpear todo con tus manitas y esas patadas y manazos realmente duelen, tienes una fuerza que sorprende, creo que hasta músculo tienen niñita. Eres una valiente, te golpeas y casi nunca lloras y si lloras es un segundo y luego sigues con tu vida feliz.  Y como te gusta salir y ver cosas y personas nuevas, eres una niña muy sociable, fuera de casa te portas muy bien. El día de tu bautismo te portaste como una señorita, todos se sorprendieron, superaste la misa sin chistar, te encantó el agüita bendita en la cabeza, creo que pensaste que estabas en tu tina porque ya te querías meter en la pileta bautismal. Te dejaste cargar por todos y mirabas todo, no quisiste dormir para no perderte todo lo nuevo, tanto así que ni bien subiste al carro caíste rendida, !como nunca¡, usualmente nos cuesta mucho dormirte de noche mi vida, te reusas a dormir, te ries, quieres pasear y jugar aunque te mueres de sueño. Últimamente has aprendido a hacer berrinche en el carro, me haces unos de padre y señor mio, que pone a prueba mi paciencia y yo la mujer más impaciente, no sé de donde saco paciencia y buen humor, ¡lo que hace el amor!. Pero a pesar del sueño, las despertadas en la madrugada, el cansancio, el dolor de espalda, el dolor de brazo, todo, todito vale la pena, porque se que es una etapa y sé que debo disfrutarla al máximo porque pasa muy rápido, dentro de poco estarás caminando y conociéndote serás súper independiente, no querrás ni que te coja de la manito, porque ya quieres comerte el mundo y sientes que estás limitada. Te amo mi cachetona loca, con tu carácter fuerte, con tu seguridad, con tu seriedad y tu capacidad de análisis, eres mejor de lo que te soñamos. Te amamos con el alma.
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Kalumis
Tus primeras vacunas mi amor, bueno en realidad tu segunda vacuna, pero la primera no cuenta ya que ni la sentiste, fue al día siguiente de haber nacido y no nos trajo mayores inconvenientes que una marquita en tu brazo. Aún no entiendo cómo es que hay dos esquemas de vacunación, uno gratuito del MINSA y uno de pago, donde la diferencia de pagos es abismal, mientras uno es gratuito el otro pasa los 500 soles, la gran diferencia es que el esquema del MINSA incluía tres piquetes y unas gotas, tres piquetes me parece inhumano, felizmente consulté con tu tía Romina y me contó que a Alejandrito le habían puesto dos a los dos meses y dos a los tres meses, así que decidimos ponerte la penta, la polio y la rotavirus está vez y el próximo mes la neumococo, dos pinchazos era vez y uno el próximo mes, menos traumático para todos. La enfermera que pone las vacunas me odio desde que comencé a hablar, indicaba que el ministerio pedía las tres vacunas este mes...pero que era nuestra decisión. Entraste con papá porque mamá es una nerviosa del mal, y te iba a poner más tensa. Lloraste poco al primer pinchazo pero El Segundo era kilométrico :( y se te cayeron tus lagrimitas... Tomáste tetita al salir y eso te calmó bastante... aunque la enfermera me mandó una gritada porque según ella podías vomitar la vacuna, pero tú hijita no vomitas, eres una lady. Así que todo bien, llegaste a casa de la abuelita tranquilita y dormiste tus dos horas, el terror vino cuando despertaste en un mar de llanto y pusiste la casa de cabeza, es que te dolía tu piernita cada vez que la movías, no querías tetita aunque tomaste un poco y luego de tanto llorar te quedaste dormidita. Nosotros llamamos y escribimos a medio Lima para preguntar qué hacer con tu dolor, papa, agua tibia, agua fría, panadol... luego de una noche feita tomandote la temperatura y dandote panadol, todo pasó...
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Kalumis
Mi hijita hermosa ya son casi 2 meses juntitas, y hoy puedo decir que te amo con locura, que fue demasiado duro ese primer mes juntitas, pero pudimos superarlos, entre la desesperación por no tener suficiente leche para ti, el dolor de los pezones, el que solo salía leche de un pecho, la obstrucción de los pechos, los masajes dolorosos, la mastitis, la fiebre, el dolor continuo, la infección al estómago, el cansancio absoluto, tu llanto, tus quejas, tus cólicos que me dolían más a ti que a mi, mi desesperación por encontrarle una cura a tus cólicos, el no querer aceptar que pasarían con el tiempo y que debo aceptar ver tu incomodidad y tu dolor de barriguita. La dieta estricta (cero lácteos, no café, no chocolate) que me llevó a descubrir que hasta las galletas tienen leche, que no podía comer casi nada procesado, los antojos que no podía cumplir, porque no valía la pena verte con más dolor que el habitual, como cuando me comí ese bendito budín y tú no pudiste dormir bien por el dolor de tu panzita, ¡nunca más hijita!. Todo el sacrificio, el dolor, las lágrimas valen la pena por ti, porque todo pasará y solo quedaras tú, y tú eres maravillosa, con ese color de piel que me encanta, esos ojitos chinitos y grande, expresivos como los de papá, esos cachetes mordibles que me los heredaste, esa naricita respingada, esa boquita delineada, esa orejita de los "Cruz", esa frentecita de papá, eres una mezclita perfecta entre papá y mamá y me encanta, porque eres perfecta, lo más importante eres una bebé sanita, grande, gordita, súper fuerte, súper inteligente, con gran control de tu cuerpo, te mueves como culebrita, tienes una voz imponente y un carácter súper fuerte; pero eres una ternura, te encanta que te hablen y miras enamorada a papá. Ya me jalas de los cabellos y de los aretes, levantas tu cuellito, mueves la cabeza para todos los lados y hasta cabezazos me han tocado. Haces unos sonidos muy graciosos, no sé si es un pollito, una moto, un suspiro, un grito, siempre tratamos de descifrarlo. Tienes una cabellera abundante y larga, con un peinado moderno jaja debido a los pelitos parados. Amo cuando te acurrucas en mi pecho y te quedas dormida, es lo más tierno del mundo, porque me dice tanto, me dice que te sientes segura conmigo, que duermes con la tranquilidad de que mamita te cuidará, te protegerá y te dará alimento y abrigo (como la gallinita). Luego de que pasó el dolor del principio de la lactancia, puedo ver porque es tan maravilloso darte el pecho, porque te calma cuando estás con dolor, es tu consuelo, tu tranquilidad, porque te relaja y te produce sueño, te ayuda a dormir plácidamente, porque te alimentó y te veo cada día más grande, más desarrollada; es maravilloso saber que yo puedo brindarte todo eso.

Contigo mi paciencia se ha desarrollado, han habido momentos en los cuales no he podido más pero luego de llorar a moco tendido me he logrado calmar, porque jamás te haría daño, porque tú no tienes la culpa de nada, ni de tus dolores de panzita, ni de no saber cómo dormirte, ni de dormirte y no terminar de comer, ni de tus quejitas mientras duermes, ni de hacer popo y pila justo cuando te acabamos de cambiar o justo cuando estás sin pañal, tú eres un angelito y no sabes de travesuras, eres lo más bonito que tenemos, eres pura bendición de Dios. Y le doy gracias a Dios que vivimos en una zona donde no sufrimos por los huaicos y desbordes de ríos, porque lo máximo que no afecta es no tener agua, pero no es nada en comparación con lo que sufren otras familias. Gracias a Dios tú estás bien y protegida. 


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Kalumis
Tan pequeñito y tan incierto, con tantos miedos, me daba temor amarte y que luego mi corazón se rompiera en pedazitos. Pero hoy a tus 5 meses puedo decir que te amo con todo mi corazón, saber que eres una bella mujercita, que ya tienes nombre, que te mueves tan llena de vida dentro de mí, hace que mi corazón salte de alegría, que te sienta tan presente y te amé con tanta ternura. Y a veces quiero que ya estés aquí con nosotros para llenar de besitos tus piecitos y manitas, pero luego recuerdo que aún nos faltan preparar tus cositas y se me pasa (ja)
Te amamos princesita, con el amor más puro y bello del mundo, eres la prueba de que Dios existe y nos ama, eres el mejor regalito que no pudo haber dado.

Con tu llegada, surgen miles de miedos y temores, dudas, preguntas, pero solo me digo a mi misma que tenemos que ser fuertes ante los retos que se vienen, dar lo mejor de nosotros y sobre todo pedirle a Dios que nos de toda la sabiduría necesaria para ser unos buenos papitos y darte todo lo que necesites, quizás no podamos darte todas las cosas materiales, pero te daremos todo el amor que tenemos.
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Kalumis
Era una mañana de mayo cuando decidí ir a visitar a la Doctora, ya que los síntomas de las últimas semanas habían sido muy raros, tenía una leve sospecha, muy leve, porque algo que aprendí de la vida fue que a veces no deberías tener muchas expectativas porque duele cuando te desinflan el globo de la ilusión que tu solita te dedicaste a inflar. 
Entré yo sola a la consulta, quería que las noticias buenas o malas solo me las dieran a mí y que luego yo decidieran como contárselo a los demás. Tenía un pequeño problema de salud, nada grave, nada definitivo, pero tenía mis dudas con respecto a lo que Dios quería para mi familia, así que deje todo en sus maravillosas manos, sus tiempos son perfectos, solo él sabe lo que es mejor para mí. Luego de explicarle mis síntomas a la Dra. Y ver que ella tampoco tenía ni la más mínima sospecha, decidí hacerme una ecografía. Las dos vimos extrañadas un pequeño punto negro, muy pequeñito, pero muy nítido, como si estuviera intentando darse a notar y no pasar desapercibido. La Dra. Me envió un examen de sangre, para descartar un embarazo, yo ya me había hecho dos pruebas caseras y las noticias eran negativas, con esa imagen en mi cabeza comencé a sospechar que algo mágico podía pasar, le pedí a la chica del laboratorio que nos dieran los resultados el mismo día y así fue. José me esperaba afuera del consultorio y cuando le comenté del examen de sangre sin darle mucha importancia, puso cara de miedo, alegría, emoción, terror, de todo un poco, lo calmé diciéndole que era un examen de rutina, que yo pensaba que no era nada.

Ese día yo no estaría en casa, así que podía guardar mi resultado en secreto, cuando me enteré que el resultado era positivo (solo confirmé mis sospechas) lo único en lo que podía pensar era en cómo decirle a papá, aún no me detuve a pensar en todo lo que se venía .Tuve que mentirle a papito y decirle que el resultado había dado negativo, así me dio tiempo de planear la sorpresa macabra. Así armé una cajita con la prueba, un chupón y una tarjetita que decía “Voy a ser papá”. 
Era como siempre lo había imaginado, nunca quise perderme la cara de papito cuando le diera la sorpresa y fue mejor de lo que me imaginé, siempre tendré esa cara de sorpresa, horror, alegría, emoción, todo junto. Fue lo máximo y yo no podía estar más feliz de compartir esa noticia con él. Tener esa noticia en secreto durante 3 meses, le costó a él más que a mí; y usualmente soy yo la que no puede mantener un secreto. Esta noticia nos ha causado muchos sentimientos encontrados, miedo, alegría, ilusión, temor, pero a pesar de todo somos felices, no sabíamos cuando ibas a llegar pero siempre te soñamos, imaginamos tus rasgos, tu nombre, tu personalidad. 
Y cuando tu sueños se van haciendo realidad uno a uno, poco a poco, no puedes hacer más que agradecerle a Dios por todo lo maravilloso que hace en tu vida, cuando a veces crees no merecerlo. No puedo mentir, el miedo está ahí, día a día, pero como alguien me dijo un día, el miedo no viene de Dios, porque no es bueno, así que mejor le decimos adiós al miedo y solo pensamos positivo y le seguimos agradeciendo a nuestro Padre, por cada segundo de vida, que él nos da para verte crecer en mi panzita. Te amo bebé, aunque solo tengas unas pocas semanas y seas del tamaño de una lentejita, ya te amábamos desde antes de concebirte.
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